Los 6 tóxicos más comunes en nuestro hogar

Algunos de los compañeros de departamento del colegio en el que trabajo son defensores a ultranza de la química e intentan erradicar la quimiofobia, bastante frecuente en ciertos ambientes. 
La quimiofobia es un miedo o rechazo a las sustancias químicas sintéticas (fabricadas por las personas) originados por exceso de celo, desconocimiento o mala información.
Yo no padezco quimiofobia, al contrario, estoy muy agradecida por los grandes avances que esta disciplina científica, y sus aplicaciones tecnológicas, han traído a la humanidad. El vino, el jabón de Castilla o los plásticos duraderos son ejemplos de productos químicos artificiales cuya existencia tiene aspectos francamente positivos. 
Pero la química no la hemos inventado nosotros, es al menos, tan antigua como el planeta. Los ciclos del agua, del carbono o del nitrógeno y su interacción con la vida  involucran miles de reacciones químicas en las que intervienen moléculas que se crean y se destruyen constantemente. La vida misma surge de reacciones químicas complejas.

El problema no es la química, sino el uso irresponsable que venimos haciendo de ella.

Con los conocimientos adquiridos en los últimos siglos y el desarrollo industrial, hemos aprendido a fabricar muchas sustancias inexistentes en la Tierra con anterioridad (moléculas sintéticas) y en grandes cantidades. Estas nuevas moléculas son ajenas a los ciclos naturales del planeta. Los seres vivos no pueden integrarlas en los procesos químicos que regulan sus organismos, por lo que cuando se introducen en sus cadenas de reacciones internas interfieren en el funcionamiento normal de individuos y ecosistemas. 

En los últimos 70 años hemos creado y diseminado toneladas de materiales formados por más de 100.000 sustancias nuevas presentes en un sin fin de productos de uso común. El 90% de estas nuevas moléculas se ha puesto en el mercado sin estudiar su toxicidad a medio y largo plazo. Muchas de ellas son volátiles y ya forman parte de la atmósfera, otras se disuelven con facilidad en el agua, por lo que fluyen por las tuberías de nuestras casas, y están presentes en lagos, ríos, mares y seres acuáticos. Otras se depositan en los suelos y son ingeridas por herbívoros, asimiladas por plantas y microorganismos y forman parte del polvo que habita en nuestras casas. También es muy frecuente que las absorbamos directamente por la piel o los pulmones cuando son componentes de productos que se usan en el hogar. En resumen, la naturaleza química del sistema planetario ha sido alterada, con unas consecuencias ya observables sobre la salud de los ecosistemas y por supuesto de nuestra especie.

Los datos de los que disponemos nos hablan de epidemia planetaria por contaminación química. 

El ciudadano medio desconoce el problema, los medios de comunicación no suelen hacer eco del mismo, sin embargo los científicos llevan años denunciándolo. Estas sustancias de síntesis, que corren por nuestras venas y se acumulan en los tejidos, están relacionadas con enfermedades como cáncer, autoinmunidades, asma, alergias, infertilidad, neuropatologías, desarreglos endocrinos… enfermedades que han ido aumentando exponencialmente en los últimos 70 años a la vez que lo ha hecho la concentración de tóxicos químicos en el entorno.

¿Y qué sustancias son las más nocivas?

Son cientos las sustancias que habría que evitar. Valgan como ejemplo algunas de las más comunes en los hogares:

1 – Los sulfatos: Lauril Sulfato de Sodio (SLS), se utiliza en detergentes, geles y champús por sus propiedades para producir espuma y arrastrar la suciedad de forma muy efectiva. En muchas ocasiones, éste es sustituido por el SLES (Sodium Laureth Sulfate) menos agresivo, pero asociado al 1,4-dioxano que se genera en su fabricación y que está reconocido como cancerígeno, aunque sorprendentemente, los fabricantes, no están obligados a incluirlo en la lista de  ingredientes. Está presente en mascarillas, cremas de manos, pasta de dientes, champús, maquillajes, limpiadores de cara… Otro sulfato que se usa cada vez más en productos pseudo-naturales es el Sodium Coco-Sulfate (SCS) que es una mezcla de SLS y otros sulfatos procedentes del aceite de coco en vez de del petróleo, es decir, el producto final es el mismo aunque el origen sea distinto. Los sulfatos destruyen la capa de grasa protectora que genera nuestra piel para defenderse de forma natural produciendo irritación, sequedad y caspa en el cuero cabelludo.

2 – Los ftalatos: vienen indicados en las etiquetas como perfume o fragancia, son disruptores endocrinos, es decir, sustancias que el organismo confunde con hormonas y las usa como tales provocando principalmente problemas relacionados con la fertilidad, los cánceres y las autoinmunidades. Se encuentran, entre otros productos, en detergentes, ambientadores, papel higiénico, cosméticos, limpiahogares, suavizantes y desodorantes.

3 – El Percloroetileno (PERC): es un neurotóxico y posiblemente carcinógeno (produce cáncer). Presente en limpiadores en seco, quitamanchas y limpiadores para alfombras.

4 – El Triclosán: Se utiliza en detergentes para la ropa, desinfectantes del suelo, pasta de dientes, desodorantes, lavavajillas líquidos y jabones de tocador antibacterianos. Genera bacterias resistentes a los antibióticos, destruye bacterias favorables y se concentra en ecosistemas acuáticos siendo muy tóxico para la vida en ellos. Se sospecha que interfiere en las funciones hormonales.

5 – El Bisphenol A (BPA): es un plástico presente en recubrimientos de latas de conserva y en los tickets de compra, entre otros productos. Prohibido en muchos países europeos, está previsto que se prohiba también en España próximamente. El BPA es un disrruptor endocrino muy potente relacionado con infertilidad, problemas de tiroides y cánceres.

6 – Los Parabenos: Se utilizan por su bajo precio y sus propiedades como conservantes, bactericidas y fungicidas. Generan sensibilización cutánea y reacciones alérgicas. Se asocian con el cáncer de mama. Favorecen la metástasis, disminuyen la fertilidad, tienen efecto estrogénico, alteran el sistema nervioso y el cardiorrespiratorio, dañan la piel cuando se expone a la luz solar. Aunque en cada producto las concentraciones individuales de parabenos están por debajo de las dosis tóxicas, estamos expuestos a muchos de ellos, por lo que se produce el denominado “efecto cóctel” que consiste en que juntos se potencia su efecto nocivo. Son además bioacumulables. 
Están presentes en multitud de productos cosméticos y de limpieza, sobre todo en los de bajo precio. Además se comercializan como conservantes alimentarios con los nombres de E-214, E-215, E-216, E-217, E-218 y E-219, siendo muy comunes también en alimentos y fármacos.

¿Y qué hacer ante esta situación?

Creo que, para empezar, una postura correcta ante la problemática que acabo de describir es tomar conciencia de ella, mantenerse informado y no caer en los extremos. Tan malo es meter la cabeza debajo del ala y olvidarse al estilo del avestruz, como obsesionarse y dejarse llevar por el miedo. Vivimos en un mundo contaminado y es imposible aislarse del entorno. Sin embargo con una actitud vigilante, manteniéndonos informados, y cambiando algunos hábitos podemos reducir considerablemente la contaminación química en nuestros cuerpos, hogares y ecosistemas. Es lo que llamo desarrollar una higiene química.
En el siguiente post compartiré contigo una lista de 15 hábitos para vivir una vida sin (apenas) tóxicos.

3 pensamientos sobre “Los 6 tóxicos más comunes en nuestro hogar”

  1. Muy buen artículo.
    Ya conocía la problemática de muchas de estas sustancias nocivas gracias al libro Hogar sin tóxicos, que imagino que conoceréis.
    Esperando el siguiente post.

    Un saludo.
    Leandra
    🙂

    1. Hola Leandra,
      Muchas gracias por tus palabras. Conocemos el libro y nos encanta.
      Esta semana publicamos el siguiente artículo.
      Esperamos que te guste.
      Un saludo 😀

  2. Pingback: 20 hábitos sencillos para una vida libre de tóxicos – Fresco

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