Detergente ecológico ¿quimera o realidad?

detergente ecologico

Muchos nos habéis preguntado si es bueno utilizar detergente ecológico, si es sano para las personas y el planeta, y si marca una gran diferencia con respecto a los detergentes convencionales. Aquí os escribo mi punto de vista sobre la cuestión.

¿Puede ser ecológico un detergente?

Cada vez más estamos tomando conciencia como sociedad de la problemática que rodea a los detergentes convencionales por lo que muchas personas preocupadas por su salud y por el cuidado del medio ambiente optan por detergentes ecológicos,

pero … ¿puede ser ecológico un detergente? Yo creo que no, veamos porqué.

¿Qué características ha de tener un detergente para ser ecológico?

Para valorar si un detergente es ecológico hay que tener en cuenta aspectos como la toxicidad de sus ingredientes, el impacto que tiene en el entorno y en las personas el proceso de fabricación, el transporte asociado a toda la cadena de vida del producto y los residuos que generan los envases después de su utilización.


Por lo tanto el sello de un detergente ecológico debería asegurarnos que …
– los materiales con los que se fabrica no generen contaminación
– en la producción no haya residuos que ensucien el agua, el aire o el suelo
– los ingredientes sean inocuos para las personas, la flora y la fauna
– las materias primas sean de procedencia local en la medida de lo posible
– no tenga envases persistentes

Detergentes con sello ecológico

Sin embargo, cuando un detergente lleva el sello que le permite ser comercializado como “ecológico” lo único que nos asegura es que la cantidad de productos contaminantes y tóxicos que lleva en su composición están por debajo de unos ciertos niveles exigidos por la ley. Por supuesto que los detergentes que poseen estos sellos son menos nocivos que los convencionales. Aún así son productos agresivos, derivados del petróleo, que llevan en su composición sustancias muy perjudiciales para la salud de las personas, como por ejemplo perfumes, conservantes y biocidas como las isothiazolinonas. El sello ecológico permite también que los detergentes lleven sulfatos, sustancias responsables de la eutrofización de las aguas.

La eutrofización destruye prácticamente a todos los seres vivos del ecosistema acuático donde se produce. Empieza con un gran aporte de nutrientes al agua (por ejemplo fosfatos procedentes de los detergentes o vertidos agrícolas) Con estos nutrientes las algas superficiales se desarrollan a gran velocidad, cubren la superficie e impiden que llegue luz a las capas más profundas. Las plantas del interior mueren por falta de luz. Estos vegetales muertos sirven de alimento a bacterias y microorganismos que se multiplican rápidamente consumiendo el oxígeno del agua y axfisiando al resto de seres vivos circundantes. Este proceso se está viviendo de manera dramática en L’albufera de València, por ejemplo.

Todo esto los convierten en alternativas poco convenientes si lo que queremos es salvaguardar nuestra salud y la del planeta. Aquí encontrarás más información.

Definitivamente, “ecológico” y “detergente” no son compatibles

El jabón es la verdadera alternativa ecológica al detergente convencional

La alternativa verdaderamente ecológica al lavado de la ropa con detergente convencional no es el detergente ecológico, sino el jabón, lo que coloquialmente se conoce como jabón natural, jabón de Marsella o jabón de Castilla, potenciando su efecto limpiador con productos inocuos, baratos y tradicionales como el bicarbonato sódico, el vinagre o el percarbonato sódico.
Un jabón natural fabricado en frío, sin residuos en su producción, con ingredientes vegetales y locales en la medida de lo posible.

El formato sólido y a granel, un plus de sostenibilidad

Otro de los graves problemas con los que nos enfrentamos en estos comienzos del siglo XXI es la gran cantidad de basura que generamos diariamente. Nuestras economías aún no son circulares como en la naturaleza, donde lo que se genera como residuo en un proceso es la materia prima de otro. Lamentablemente la mayoritaria de los procesos industriales son lineales, absorben materias primas y generan residuos.

También hay que trabajar en este frente si queremos que nuestro jabón sea verdaderamente ecológico. El formato sólido minimiza el volumen del producto con lo que se ahorra energía en el transporte y materiales en el empaquetado. Si además se compra a granel, uno puede llevar su propio contenedor (una bolsita de tela, por ejemplo) y reducir así casi en un 100% el embalaje del producto. Una vez en casa puede diluirse en agua y convertirse en jabón líquido, aunque puede usarse directamente en el tambor de la lavadora sin diluir.

Volviendo al tema de la economía circular, hay un último aspecto que completaría la sostenibilidad del jabón. Se trata de fabricarlo con aceite reutilizado. El jabón tradicional de nuestros antepasados se hacía así hasta mediados del siglo XX. El aceite era un recurso demasiado valioso para dedicarlo a la fabricación del jabón. Primero se usaba en la cocina y con los restos de todas los tipos de sustancias grasas involucradas en la alimentación (aceites vegetales y grasas de animales) se fabricaba el jabón. En las economías rurales tradicionales no se desperdicia nada, son economías circulares de las que tenemos mucho que re-aprender. Paradógicamente, para que un jabón pueda obtener un sello ecológico es necesario que el acite con el que se fabrica sea ecológico y no esté usado. Los jabones fabricados con aceites reutilizados no pueden ser “ecológicos”

Ejemplos como este nos muestran que hay que aspirar a algo más que a una certificación ecológica. Son herramientas útiles y bajo mi punto de vista necesarias, pero sólo nos dan una información parcial del producto que las lleva, por lo que hay que saber interpretar su significado. En muchas ocasiones el sello ecológico no garantiza sostenibilidad ni cuidado de las personas y el medio ambiente.

La mejor elección es un jabón natural como el de aceite de oliva.

En resumen, si queremos opciones de lavado de la ropa respetuosas con el medio ambiente y la salud de las personas, un detergente ecológico no es una buena opción. Los detergentes ecológicos llevan en su composición sustancias tóxicas, aunque en menor cantidad que los detergentes convencionales, y además el sello ecológico no certifica nada relacionado con el proceso de producción ni con la procedencia de las materias primas.

Un lavado verdaderamente ecológico usa jabones tradicionales. Un buen ejemplo es el jabón de aceite de oliva fabricado en frío, también llamado jabón de Castilla. La fabricación tradicional en frío no genera residuos ni gasta energía. Es un jabón especialmente indicado para el cuidado de la piel y de la ropa y no contamina el agua de lavado. Inmejorable elección en su formato a granel.

Es la opción que ha venido utilizándose con gran éxito desde hace milenios, recuperémosla.

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